Periodistas en los blogs
El mismo mal por otro canal
Desde hace bastante tiempo, unos cuatro años, vengo observando la irrupción de ciertos periodistas en las bitácoras o blogs -cada vez hay más-, y una gran parte de ellos, salvo honrosas excepciones (naturalmente entre las que te encuentras tú), están reproduciendo en los blogs -este medio de expresión individual (más que nada)- las tácticas propias de la prensa escrita.
Nos abrasan con noticias repetidas, cultivan lo fácil y trillado, hacen gala de una demagogia barata, halagando a unos y otros, publican posts como churros, se pelean por el ranking, el posicionamiento es su principal objetivo. Pero, ellos no se mojan con opiniones, artículos, comentarios, reflexiones o apuntes de cosecha propia, no vaya a ser que se note su desnudez.
Tan solo han encontrado esta forma, barata, de alcanzar la fama.
Y por eso, por la fama, se pierden.
Mucho ojo con la crítica, es cosa de trolls, dicen.
Por sus blogs, los conoceréis.
Los emigrantes, ahora que se van quedando sin empleos basura en la construcción, se han convertido en delincuentes en ciernes y amenazan a toda la sociedad española, porqué son extranjeros.
Después del franquismo, se inicio en España una nueva época, el pos-franquismo, o lo que es lo mismo, el imperio de la libertad, o como dijo Adolfo Suárez, tan denostado en su época, el Imperio de la Ley (posiblemente por las mayúsculas).
Pepito, tiene 18 años, es un chico aplicado en los estudios, hace poco o ningún deporte, no tiene novia -de momento no es su objetivo, tiempo habrá (piensa él)- eso si, tiene amigos y amigas con los que de vez en cuando toma café y se pasan los apuntes, los ficheros, la música y al mismo tiempo le sirven de válvula de escape en sus obsesiones.
Dicen que, un economista es aquella persona que nos sabe explicar el porqué algo ha pasado, una vez que ya ha pasado.
Algunos generales valoran en exceso sus propias fuerzas y llegan a infravalorar las del contrario, en el inicio o durante el transcurso de una batalla, generalmente con resultados catastróficos para sus propias filas.
Primero se hacen declaraciones incendiarias contra algo o alguien, luego se convoca a los fieles para que apoyen estas declaraciones, más tarde se organiza una concentración-manifestación de exaltación de no se sabe muy bien que, a gastos pagados, y por último se utiliza el número de asistentes, debidamente falseado, para justificar las declaraciones incendiarias.
Castrito era pintor de brocha gorda y bebedor habitual, todo mezclado.
