Urbanismo salvaje
Lugo, o la destrucción de una ciudad

Este último fin de semana he estado en Lugo, visitando a un amigo, y después de muchos años de ausencia me encontré un caos más que una ciudad.
El Lugo que conocí, allá por los años 60, con casas incrustadas en su muralla romana (habían llegado a excavarla para hacer bodegas, en la parte posterior de muchas de ellas) fue reconducido por un alcalde (de la época franquista) que, se enfrentó a tirios y troyanos para adecentar la muralla (principal símbolo de Lugo), consiguiendo eliminar todas las casas, bares, chiringuitos y pegotes de la misma, para devolverle su estética y recuperando un monumento único.
Aquel esfuerzo, al parecer, debió de dejar tan exhaustas a las fuerzas vivas de esta ciudad, que por lo que pude comprobar, a partir de ese momento no dejaron de cometerse barbaridades des-urbanísticas (en realidad no se como llamarlas), consintiendo todo tipo de atropellos a la estética, a la razón, a la planificación urbana, a los espacios públicos y la más elemental lógica.
Se han construido edificios de “diez” alturas al lado de otros antiguos de “dos”, cada uno ha construido como ha querido, sin orden ni concierto, los barrios nuevos son un laberinto de calles (en verdad solo semi-calles) retorcidas, estrechas, sin salida, feas e invivibles.
Hoy, ya tal es el destrozo, había que derruir todo para reconstruir bajo una planificación decente, que Lugo ya jamás será una ciudad, acaso les queda la esperanza que un cataclismo les obligue.
Y aquí, nadie da explicación de sus desmanes y el pueblo, callado, traga con todo.
Al final, algunos pedirán explicaciones al actual Alcalde, que poco o nada tiene que ver con lo hecho.
¡Pena de país!

