Cenizas
Polvo eres y en polvo te convertirás
No sé si os pasa, pero yo nunca logro evitar que los restos de ceniza manchen la madera del mueble del comedor.
Y cada vez que ocurre, me acuerdo de lo que contaba mi abuela:
La hija de un español, cuando vivía en México, adoptó la costumbre de mascar tierra, copiando de otros chiquillos del país.
Cuando el padre regresó a España, el Cónsul francés en Veracruz le confió las cenizas de una persona para su traslado a Francia.
La niña, en aquel trasatlántico, sin nada que llevarse a la boca, dio buena cuenta de la tierra de aquella urna.
Enterado el padre, exclamó:
¡Hija mía, te has comido a un francés!

