Despertar
La vida entre dos mundos
Había amanecido, pero yo continuaba en la cama, adormilado, entre la consciencia y el despertar. Notaba que mi cuerpo empezaba a obedecer a mi voluntad, ya podía mover los dedos de los pies e incluso pude entreabrir los ojos. Encontré placer al estirar mis piernas y al mismo tiempo deseaba seguir más tiempo en mi lenta somnolencia.
Me llamo la atención el silencio profundo de aquella habitación, y eso, me hizo poner en guardia.
Ya estaba en vigilia, se había roto el encanto.
Era, ¡que estaba de vacaciones!

