ártabro

Escrito por ártabro a las 11:45 am del Lunes, 26 de Enero de 2009
Categoría: Relato

Temporal

Cuando un suceso desencadena una tormenta

Barco de velaHace ya muchos años, vivía en un lugar del oeste gallego una rapaciña muy fermosa que se había enamorado de un rapaz, algo mayor que ella, sin que él supiera nada. Ella, cada día se acercaba al puerto para desde la distancia ver su barco llegar, después de una jornada de pesca, con la esperanza de verlo y el secreto deseo que se fijara en ella.

Un día, en el que se había levantado un temporal de viento y mar muy fuerte, ella, como cada día, acudió al muelle y, poco a poco, los escasos barcos que se habían atrevido a salir iban regresando.

Al cabo de un rato todo el pueblo estaba arremolinado en el puerto con la angustia en el rostro y el miedo en el alma, solo faltaba él por volver.

Pasaron las horas y no aparecía, ni llegaban noticias, la angustia dio paso a la desesperación, la gente ya ni hablaba, solo esperaba un milagro.

Ella, entonces, se dio cuenta que no podría vivir sin él y se dijo que este amor no podría morir antes de empezar y no aceptó la idea de no volver a verlo. Se dijo que aquel hombre vivía y viviría muchos años, para entre los dos hacer un mundo feliz.

Cuando, a lo lejos, apareció la silueta de la vela de su barco, toda la gente prorrumpió en gritos de alegría y lo que antes era tristeza, ahora era felicidad.

Cuando puso el pie en el muelle, una rapaciña le dio un beso.

Aquel marinero, de piel curtida y cicatrices en el corazón, había perdido la esperanza de volver a enamorarse, tan solo esperaba de la vida algo de placidez y paz interior. Cuando aquella rapaciña lo besó, se sintió rejuvenecer y experimentó la dicha del naufrago que lo rescatan cuando ya ha desistido de pelear con el mar y se ha abandonado a su suerte, no es posible, pensó, que me pueda estar ocurriendo esto.

La lucha que en su interior se estableció, fue épica, por un lado le parecía una locura enamorarse de una joven y por otro su loco corazón le daba alas para sobrevolar todas las dificultades que su razón le ponía a la vista.

Al final pesó más el amor que la razón, y dicen en el pueblo que, jamás pareja alguna ha estado más enamorada.

Escrito por ártabro a las 11:27 am del Viernes, 16 de Enero de 2009
Categoría: Relato

La nube

Otra manera de viajar

Una nubeUn día, salió de casa con mucha prisa, iba a encontrarse con ella y como llovía no había taxis libres, los autobuses llenos y el coche estropeado, así que sin pensarlo dos veces, miró al cielo, quien se apiadó de él y le bajó una nube de regalo para que la utilizara, con una condición, que solo estaría a su disposición en tanto en cuanto estuviera enamorado.

Dicen que llevan muchos años viajando de acá para allá, montados en la nube, recorriendo el Mundo y pese a que los Gobiernos, las Mafias y demás gente de mal vivir, la quieren e incluso han intentado sacársela, es de toda forma imposible por no saber manejarla, solo ellos dos tienen el secreto de su funcionamiento.

Lo curioso es que con el tiempo, la nube, cada vez circula más rápido. La gente ignora porqué, pero ellos lo saben.

Escrito por ártabro a las 7:54 am del Viernes, 19 de Diciembre de 2008
Categoría: Relato

Amnesia

Sueño de un seductor

Aquella tarde, pensó, se la iba a dedicar a él, se lo tenía merecido. Llevaba demasiado tiempo fuera de la circulación, enfrascado como estaba en resolver las dudas de los demás.

Su trabajo lo había absorbido de tal manera que, ya no recordaba cuando fue la última vez que se tomaba una tarde libre. Se dijo que así no podía seguir, era necesario planificarse mejor y reservar una tarde a la semana para el relax.

Esto mismo, se lo venía diciendo desde hacia años, desde que lo contrataron en la clínica psiquiátrica al acabar la especialidad. Un nuevo hospital al que un buen amigo de su padre lo recomendó. De eso, ni recordaba la fecha. Ahora, le parecía que había pasado su vida entre enfermos mentales, tal era su compromiso y dedicación a un trabajo apasionante, pero ese día necesitaba desenganchar y olvidarse por un momento de la angustia y sufrimiento de los pacientes.

Se dio una buena ducha, se afeitó y se vistió sus mejores galas, en plan sport, unos pantalones de loneta azul marino, una chaqueta de lino beige, una camisa verde botella y unos mocasines de cuero marrón. Se gustó al mirarse al espejo y con un guiño a su doble reflejado, salió de casa.
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Escrito por ártabro a las 6:40 pm del Martes, 25 de Noviembre de 2008
Categoría: Relato

El LP

Cosas que pasan e incluso ocurren

Prensa verticalHace ya unos cuantos años, cuando los Bancos, de acuerdo a lo establecido en el Código Mercantil, estaban obligados a llevar el Libro Copiador de Cartas y Telegramas, debidamente numerado y sellado por la autoridad competente al objeto de darle legalidad, quien se solía encargar de este menester eran los Ordenanzas (categoría laboral dentro de los Subalternos en el Convenio Colectivo de la Banca española).

Todos los días, Puentiño, se dirigía a la prensa vertical que en la parte trasera de la Sucursal estaba instalada y a pulso en sentido contrario al movimiento de las agujas del reloj, procedía a aflojar la presión que sobre el antedicho libro, ejercían las placas de metal que durante todo el día anterior lo habían tenido abrazado. Y una vez retirado el libro de la prensa, extraía las copias de las cartas de fino papel cebolla que había colocado el día anterior y que los administrativos con sus máquinas de escribir por medio de papel carbón de tinta violeta, que era el que mejor copiaba, habían producido. Una vez comprobado que se habían copiado correctamente al libro, repetía la operación del día anterior, pero esta vez con nuevas copias de cartas y telegramas, para ello, con cuidado y esmero alineaba las copias sobre el papel del libro y las cubría con un paño blanco, ligeramente humedecido en agua. Cuando había colocado todo en su sitio, cerraba el libro y lo introducía en la prensa, sometiéndolo a toda la presión que la fuerza de sus brazos eran capaces.

Un día, apareció Puentiño lamentándose amargamente: ¡Esto solo me pasa a mí!, repetía sin cesar.

Cuando se le preguntó por el origen de tanta desesperación, mostró la funda de un LP (Long Play de música) de la que cayeron los trocitos de vinilo en que se había convertido.

Explicó que había dejado el LP en la bandeja trasera de su automóvil, al Sol, todo el día y que como consecuencia se había alabeado, adquiriendo la forma de una seta, y para volverlo a su forma original, a Puentiño, no se le había ocurrido mejor cosa que darle el mismo tratamiento que al Libro Copiador de Cartas y Telegramas.

Todavía hoy, me pregunto si su lamento era hacia su mala suerte, toda vez que al resto de los mortales cuando enderezaban LPs esto no les pasaba o más bien era un reconocimiento implícito de sus limitaciones.

Escrito por ártabro a las 3:47 pm del Viernes, 14 de Noviembre de 2008
Categoría: Relato

Relación de poder

Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia

Pepe, es un empleado fiel y trabajador en su empresa, el Banco del Occidente, S.A., últimamente está bastante preocupado con su situación laboral, a la vista de la crisis galopante en la que su mundo está inmerso, no tiene nada claro su futuro.

Un día se le acercó un compañero, bueno en realidad no se le debería llamar así, más bien, un jefe indirecto, toda vez que Tomás, que así se llama, es una especie de secretario del Presidente del Consejo de Administración, D. Estanislao, que también es el único propietario, de lo que se viene en llamar un banco regional, el caso es que, Tomás invitó a tomar un café a Pepe y charlando como quien no quiere la cosa le dijo:

Ya sabes que me acaban de nombrar representante de Seguros La Fortaleza para esta zona y como tú eres una persona que estas muy metido en eso de Internet, ¿no podrías hacer algo para darme un poco de publicidad con esto de los seguros?

Pepe miró al suelo, haciendo tiempo, y se dio cuenta que Tomás tenía mano con el Presi y tal y como estaban las cosas no convenía indisponerse con quien tenía confidencias con el dueño, así que, con una sonrisa dijo: Naturalmente hombre, para que estamos los compañeros, sino.

Ya sabía que no me fallarías, dijo Tomás, y añadió: Ya me decía el otro día D. Estanislao que eras un hombre que apuntaba maneras. Te viene siguiendo, sabes. Dice que está pensando un posible ascenso y te tiene en cartera.
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